(artículo publicado en el
10º aniversario de la muerte de Luca, en la revista de Musimundo
"Mix", diciembre del '97)
"No voy a involucrarme en el bochorno de un
película sobre Luca. Es ir con una pala a desenterrar a los muertos, son
cuestiones necrofílicas, hay una enfermedad que hace mover a los muertos de su
lugar de descanso, es ir a molestar, como los gringos que se metían en los
cementerios sagrados. Cada vez que vienen con algún proyecto, digo: 'Otro más
que viene a mover el cajón'." (Ricardo Mollo)
Atardecer, 22 de diciembre de 1987.
Salimos con Vera Land de la redacción de Fin
de Siglo, en Caballito, y nos zambullimos en la mesa de la ventana
del bolichón que estaba justo en la esquina. Fue y será así. Jamás hemos
trabajado en una redacción que no tuviera a menos de 50 metros un boliche.
Escribir un rato para calmar a Dios y mandarse al bar para encontrar al diablo.
Vera se pidió un pebete de jamón y queso y lo revisó con esa expresión de
otorrinolaringóloga que ponía cuando sospechaba del contenido del pebete. Como
en una autopsia, lo abría y revisaba minuciosamente extirpando con el bisturí
de sus uñas puntitos negros, hebras casi invisibles de grasa y otras
micorscópicas basurillas. Yo comenzaba a beber lentamente mi primera ginebra
preparándome para la fiesta de esa noche en Caras más Caras. Así son las
escenas de la vida cotidiana cuando estás por recibir un latigazo. Un vecino en
pijama saliendo a la puerta entredormido, al amanecer, justo el día que explota
el sol.
Ese 22 de diciembre yo cumplía 42 años y todos los amigos se reunían a festejar
un nuevo aniversario de mi envejecimiento en aquel legendario antro que era
Caras.
Carlos Aznárez cruzó la calle con el rostro demudado y por la ventana dio el
latigazo: -Llamó la negra Poly... se murió Luca.
Las noticias fatales se parecen a los balazos, dicen que no sentís nada hasta
que pasa el tiempo.
Esa noche en Caras más Caras mi cumpleaños se convirtió en un festín macabro.
Fue una noche tétrica. Recuerdo claramente que esa misma noche todos sabían que
Luca había muerto de una sobredosis y no de catarro. De un pico y no de una
indigestión de ñoquis. Era una burla del destino: un tano había venido a Buenos
Aires a morir como Jim Morrison, como Jimi Hendrix. Un tano patasucia
(literalmente, Willy Crook sostenía que sus pies olían a pedos de mamut) tuvo
que atravesar la espesa pared moral de esta ciudad donde los viejos vinagres a
veces tienen 20 años, con la energía descabellada de su música, con el desparpajo
de un conquistador, con la certeza de quien porta una tormenta. Un tano que se
disfrazaba de bruto, un animal caliente que rápidamente percibió la reptil
frialdad de los porteños, un compositor que en cuatro años escupió la música
más enérgica, guerrera y original que habíamos escuchado hasta ese momento.
Ante la displicencia y rechazo de lostalentos nacionales, Luca se robó el corazón de
todos los jóvenes de corazón joven de cualquier edad y jamás lo devolvió hasta
hoy. Luca ni siquiera necesitaba cantar: con caminar por Corrientes ya se
bamboleaba la calle. Los popes y futuros popes no se lo bancaron: ni el Indio
Solari ni Spinetta ni Charly. Ninguno de ellos comprendió que la magia es
energía que despiden ciertas almas: no importa cómo toquen o destoquen esas
estúpidas guitarras y esos cretinos pianos que nos torturan a cada rato por
diestra y siniestra en este ruidoso show que es hoy el planeta. Ni yo me di
cuenta, pegoteado como un ciego a Los Redondos.
Lo puteábamos esa noche de Caras más Caras por abandonarnos y lo seguimos
puteando todavía hoy. Pero más que todo me acuerdo que la negra Poly (que lo
quería mucho en su estilo Magnum), con su tono marcial iraqués recalcó varias
veces:
-Luca fue el único músico de la historia que puso todas las canciones a nombre
de toda la banda...
Un hombre excepcional se caracteriza por gestos excepcionales: ¿Cómo voy a
firmar abajo de estas líneas como si me perteneciera cualquier discurso que
manda mi cerebro? ¿Cuál es la función de apropiarse de lo que emana el alma
sino aprovecharse de esa lotería del caos que elige azarosamente a ciertos
idiotas para expresarse a través de ellos? ¿Cómo no compartir el dinero y las
ventajas con quienes se comparte el viaje si
se desea tener compañeros de ruta y no empleados públicos contratados?
Esa noche alguien también dijo (y creo que fui yo o capaz que Lupo) una frase
letal que tenía una clara referencia al secreto (hasta hoy oculto) de su
muerte:
-Huyendo de una heroína lo mató la Argentina.
El flash lisérgico de Luca nos duró varios años hasta que nos dimos cuenta de
que su energía se esfumaba y la fiesta se terminó.
Cuando se esfuman tipos como Luca o como Barato Barea, se pierde una guerra.
Todo lo que sigue después son los ritos mediocres de la cultura. Sin la magia,
el mundo despierta mirando un escenario, leyendo libros, yendo al teatro o al
cine. Todo vuelve a ser un maldito show, una estúpida sala.
Sin magia, la música, el teatro, la poesía son buenas formas de ganarse la vida
y la gente "muy talentosa" se encierra en los laberintos de sus
propios piropos.
Así como siento un placer estilo
Genet al traicionar la intimidad de todos los famosos tipos que he conocido,
detesto contar anécdotas de los que se fueron. Voy a contar una sola. ¿Cómo
podrá entender el cerebro de un guardarropa que un tipo que se inyectó heroína,
que se tomó toda la merca y el alcohol no se merece un destino de
"llevemos a tu mamá a pasear a Florianópolis"? Luca iba a alcohólicos
anónimos. La redacción de El
Porteño, en Cochabamba y Piedras tenía un bolichazo, y ahí lo
encontraba yo a las nueve o diez de la mañana recién salidito de A.A. Al toque
me desayunaba una ginebra, y contento de que yo lo incitara, el pelado, después
de la sexta o séptima ginebra y el cuarto saque puteaba la cura de la cura que
lo obligaba a arrepentirse del éxtasis que lo aprisionaba. "¿Querés otra
ginebrita, Luca? Amo el fracaso del que quiere enderezarse".
Los que se enderezan, levantan la vista y ya no ven más el mundo, se casan con
un auto, tienen romances con el supermercado, se eligen la llave perfecta para
que cierre la puerta y respiran hondo, como si toda su vida hubiera sido un
error, como si ese ser miserable hubiera estado siempre oculto bajo el disfraz
del agachado.
En un pueblito llamado Lotha, en el sur de Chile, un pueblo minero abandonado,
en la pared de una casucha dice: "Luca vive". Todos cuentan anécdotas
de Luca, todos estuvieron con él en alguna parte. Y esas pintadas no se
equivocan. Ciertos animales bellos y calientes, ciertos duendes quedan
palpitando por la eternidad en los corazones que alimentaron con su luz.
no fui su amigo y lamentablemente ni siquiera acepté compartir escenario con
él.
Cuando se resintió severamente con Los Redondos yo me puse del otro lado, del
lado equivocado.
Todos los malditos 22 de diciembre que vuelvo a cumplir años sólo recuerdo esas
mañanas en el barcito atorrante de San Telmo, cuando a las ocho o nueve de la
mañana... nos zampábamos esas 6 o 7 ginebras, hablando tonterías (nos poníamos
tremendamente tímidos), como dos niños jugando un juego
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