La espectacularidad se mantuvo por la
filiación del automovilista: Pablo García, hijo de Eduardo Aliverti.Esas
imágenes tomadas a casi 100 metros de distancia poseían una confusa vocación
narrativa. De hecho, no era imposible confundirlas con las de la serie
norteamericana CSI: Crime Scene Investigation: peritos con chalecos de la
Policía Científica revoloteando en torno a un auto celeste, bajo la mirada de
funcionarios judiciales y testigos. ¿Buscaban pistas de algún asesino serial?
No era así. En realidad, se trataba de la pesquisa sobre un accidente de
tránsito. El trabajo de los especialistas –que transcurrió durante la tarde del
26 de febrero en una calle de tierra aledaña a la Comisaría 5ª de Pilar– fue
televisado en vivo por todas las señales de noticias, en medio de una notable
expectativa. Desde las pantallas no se hablaba de otra cosa. Lo cierto es que
el asunto había tenido un promisorio despertar ante la opinión pública y un no
menos significativo desarrollo.
La primera información acerca de la muerte del
vigilador Reinaldo Rodas, cuya bicicleta fue embestida desde atrás por un
Peugeot 504 en la madrugada del 17 de febrero, se refería a un conductor
anónimo que atravesó 18 kilómetros de la autopista Panamericana, hasta el peaje
de Tortuguitas, con el cadáver sobre el capó del vehículo. Y –al parecer– sin
darse cuenta de ello. Sólo el carácter tétrico de semejante circunstancia
justificaba su despliegue en la prensa. Con el paso de las horas, tal versión
cayó en la nada. Pero la espectacularidad del caso se mantuvo al trascender la
filiación del automovilista: Pablo García, hijo del periodista Eduardo
Aliverti. En ese instante, el accidente en sí fue relegado a un segundo plano
para dar paso a la construcción de un ogro público. Un ogro con más de un gramo
de alcohol en la sangre, cuya responsabilidad en lo ocurrido también sería
extensiva a su progenitor. La criminología mediática no perdona.
Ahora, en la tarde de aquel martes, mientras
los peritos trabajaban sobre el auto celeste, los movileros competían con
efímeras primicias: "García tenía vencido el registro", reveló el de
TN. "El Peugeot estaba a nombre del propio Aliverti", acotaría el de
C5N. Estas palabras bastaron para que el animador del segmento, Eduardo
Feinmann hostigara a Aliverti sin piedad. Otros comunicadores lo imitarían con
creces. En paralelo, una guardia fotográfica del diario Perfil acechaba en la
puerta de su domicilio.
La criminología mediática había pasado a la
acción. Y, como suele ocurrir en estos casos, muchas personalidades públicas no
se privaron de expresar su opinión al respecto. Entre ellos, Mauricio Macri,
quien aprovechó la para ponderar uno de
los logros de su gestión: las bicisendas. "Nuestra idea fue que la gente
se anime a ir en bicicleta sin miedo a sufrir un accidente fatal", dijo,
con un tono increíblemente grave. Tal vez en ese instante su mente haya
retrocedido hasta la madrugada del 5 de marzo de 1999.
En esa oportunidad, Macri –quien aún era presidente
de Boca– regresaba de una fiesta organizada por un grupo de socios del club en
la ciudad de Chacabuco, a 200 kilómetros de la Capital. Iba a bordo de un
Peugeot 406 de su propiedad, junto al chofer Carlos Alberdi y los jugadores
Martín Palermo y Diego Cagna. Los seguía el vehículo de la custodia.
Minutos antes de las dos de la mañana, Paula
González, de 14 años, y Marta Grunewald, de 16, volvían a sus casas luego de
salir de un local de comidas rápidas situado en la localidad de Moreno. En
tales circunstancias, cruzaron en una bicicleta la Autopista del Oeste. Macri,
de pronto, pegó un grito. En ese preciso instante, la bicicleta cayó sobre el
capot. Las astillas del parabrisas llovían sobre los ocupantes del auto. Y las
dos adolescentes volaban hacia los costados. Un testigo –el dueño de una
pizzería cercana– aseguraría que Macri bajó del vehículo por la puerta del
conductor.
Lo cierto es que, tras impartir breves
instrucciones al chofer, partió junto a sus acompañantes en el rodado de los
custodios. Alberdi, con una expresión demudada, quedó con las chicas que yacían
sobre el pavimento. Después se acercó el pizzero. Y Macri, ya en la Capital, se
haría un chequeo médico en el Hospital Italiano.En tanto, Marta y Paula fueron
llevadas a un hospital de Moreno. La primera sólo tenía una fractura de pelvis;
la otra agonizaba.
El chofer se hizo cargo del accidente. El caso
sería instruido por la fiscal de Mercedes, Miriam Rodríguez.Por consejo de su
padre, Mauricio visitó a las dos chicas internadas. Además se ofreció a costear
los gastos médicos. Ello causaría una excelente impresión en la progenitora de
Marta, quien no dudó en decir: "El señor es una buena persona, y le
agradezco que haya venido para hablar conmigo. Mi hija me pide perdón a cada rato
por haber andado en bicicleta en esa zona; ella sabía que no se podía."A
los dos días, Macri fue anoticiado sobre la muerte de Paula. Visiblemente
afectado, voló a París para participar en una reunión de jóvenes
sobresalientes.A casi 14 años del trágico hecho, la doctora Rodríguez admitió
que la causa fue archivada. "No hubo acusación", argumentaría.
–¿Es cierto –como dijo el testigo– que Macri
era el que manejaba? –quiso saber Tiempo Argentino.
La respuesta fue:
–El testigo luego se desdijo.
Y la cuestión quedó en la nada.
Ya se sabe que, en algunos casos muy
puntuales, la criminología mediática se declara incompetente.
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